La Reflexión: El "enemigo silencioso" del Ser Humano

Por: Cesia Carrillo Clemente.

Las situaciones complejas en el ámbito de política exterior parecen superar toda ciencia ficción.

Los avances tecnológicos vaticinados, incluso, por "Los Supersónicos" han trascendido en nuestras vidas diarias y es una realidad cada vez más palpable. Y el ser humano, siendo el común denominador en ambos terrenos, refleja en cada acción el avance o retroceso como eso, humanos.
No quiero meterme a terrenos de opiniones y posturas de diferentes ciencias, sobre qué es ser humano, pero sí en resaltar que nuestro “ahora”, nuestro presente, no vino de la nada, sino tras una serie de acciones que el hombre ha realizado. Algunas de esas acciones favorecen a nuestra actualidad, pero otras de ellas, irónicamente, están destruyendo nuestra humanidad.

Es una preocupación que debe estar presente en nuestra lista de acciones a realizar; el no perder nuestra humanidad. El no perder la sensibilidad de ver por otros, no dejar que la indiferencia y egoísmo nos vuelva tolerantes a lo que otros padecen.  Como ejemplo quizá podemos enaltecer que el carácter del mexicano ayuda a sobrellevar las situaciones triviales con humor, y vaya, es nuestra esencia, pero si nos aferramos al “así somos”, y olvidamos que somos seres humanos, nos lleva al punto de no ver la realidad y con empatía observar que este mundo del cuál formamos parte se está cayendo a pedazos.

Las generaciones actuales levantan la voz echando culpas a generaciones anteriores; pero si vamos a la historia y cada movimiento trascendental en ámbitos socio políticos, mediante el arte o la ciencia, cada movimiento de revolución de intelecto, se dio bajo ese lema, echando la culpa a otros. Cierto, ante los hechos parece un punto justificado, pero dejemos de echar culpas y accionemos. No nos olvidemos de nuestra identidad de seres humanos y lo que nos diferencía del reino animal, o de la inteligencia artificial.

Parece haber más preocupación por la humanidad, y a su vez nos la estamos acabando. Lejos de lo bélico, hay un enemigo silencioso y latente. Nos está sobrepasando. El egoísmo, el amor propio y desvirtuado, la confusión de amor con pasiones, el orgullo, la falta de empatía, la insensibilidad ante las situaciones que ya nos parecen normal, y una vida hedonista que nos motiva a justificar nuestras acciones.

Celebramos los avances y muchos de ellos nos llevan al retroceso de ser humano.
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