G r a t i t u d

Por: Cesia Carrillo Clemente.
Nuestra mente parece estar fraccionada ante tantas cosas a las estamos expuestos, formulando una multitud de pensamientos. Entre tantas cosas que vemos, más las que oímos, las conclusiones a las que llegamos, las teorías que nos formulamos, nuestra cultura, la identidad que nos sella, tantas cosas que quizá en un “encierro” nos hace tener un drama de emociones. Pero en esa multitud de pensamientos ¿cuál es el que prevalece?

Cuando estamos entre una multitud de personas, y vemos que todos van hacia un camino ¿qué hacemos? quizá decidimos ir donde van todos, aunque no sepas qué sucede. Pero también tenemos la opción de ir en contra, y esto por supuesto, cuesta el hecho que todos nos observen, que seamos criticados, que traten de persuadirnos en ir con ellos, y esto por supuesto necesita decisión.

En una multitud de pensamientos, donde la mayoría han estado influenciados de malas noticias, y por muy fuertes que creamos ser, nos orillan a ir al borde de la ansiedad, aunque quizá no se lo reflejemos, debemos tomar una decisión, ir en pos de ellos, subidos al “tren del meme” como le dicen, es decir, ¿te das cuentas que aún los memes, entre risas y más, reflejan el pensamiento dominante de preocupación y frustración?; o podemos decidir enforcarnos e identificar entre todos nuestros pensamientos, a algo diferente, bueno y positivo.

Hay una virtud que necesita de los pensamientos, y es la gratitud. Es un buen ancla para no dejarnos llevar por pensamientos que quizá nos lleven al límite del abismo de nuestra identidad. 

La gratitud en sí, trae múltiples beneficios tales como: salud mental, dormir mejor, estima correcta, regula el estrés, reduce la ansiedad y depresión, resiliencia, incita al perdón, generosidad y bondad, entre otras cosas.

¿Cómo lograr el ser agradecidos en medio de situaciones complicadas? Pues bien, no es fácil, se necesita voluntad. Aprender a observar las bondades de la vida que gracias a Dios tenemos, enfocarnos en lo que tenemos, tanto en las malas como en las buenas, pero sopesar y ver que hay más dicha que lo negativo; dejando de recriminar a todo, por lo que no tenemos, dejar de añorar lo que no tenemos, y por supuesto, hacer que todo esto formule pensamientos, que incluso vayan marcando un estilo de vida diferente, un actuar y proceder que nos dé una calidad de vida no basada en el contexto, sino en quienes somos.
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