Por Carlos Lozano Medrano (ICTU)
Creo que fue en el mes de enero cuando mi amigo el periodista tuxpeño, Camilo Hernández me habló desde Tuxpan para comentarme que la doctora dominicana, Abigail Jean se había comunicado con él para decirle que vendría a tomar un curso durante un mes en el Hospital de Neurología acá en la Ciudad de México y si podía brindarle apoyo con su estadía, era su primer viaje a México y Camilo me hizo extensiva la petición porque vivo en la Cdmx.
Desde hace varios años, Camilo por medio de internet se interesó mucho en su libro, logrando ponerse en contacto con ella hasta República Dominicana para así abordar el tema, fue entonces que publicó la inspiradora historia de la Dra. Abigail Jean en su sitio web www.variedades.com.mx, y posteriormente hizo un comentario acerca de su exitoso libro, al tiempo de surgir una gran amistad entre ambos; ahí fue que leí, por eso ya tenía antecedente de ella.
Me dio su teléfono y me comuniqué con ella por whatsapp, le pedí los datos de su viaje, que llegaría a México el 30 de marzo, el curso sería en abril y se regresaría a Dominicana a principio de mayo. Yo vivo al norte de la Ciudad de México por el rumbo de La Villa de Guadalupe y busqué la ubicación del hospital, estaba al sur por Tlalpan.
Un día decidí ir a conocer donde estaba el hospital, tomé el Metrobús, la Línea 6 está a tres cuadras de mi casa, creo que hice un poco más de una hora y media para llegar.
Recordé que mi hija Mariana que es maestra en la Universidad Pontificia de México que está atrás de la Alcaldía Tlalpan ha rentado departamentos por ese rumbo, le hablé explicándole la cuestión, contactó a un amigo, ya con datos se comunicó a Dominicana con la doctora Abigail y quedó apalabrada su futura estancia.
Cerca de la fecha le envié mensaje a la doctora para que me enviara los datos de su vuelo para ir por ella al aeropuerto, su vuelo estaba señalado que llegaría a la Ciudad de México a las 10:30 de la noche, pensé en mi posible regreso a casa, ¿si el vuelo sería puntual? el Metrobús termina su servicio a las 00:30. El día 30 le volví a comentar que iba por ella para darle la bienvenida, para conocerla, me preocupaba que no conocía la Ciudad de México, que llegaría noche, que se fuera sola, que Tlalpan estaba un poco retirado, me dijo que no me preocupara, venía acompañada y tomarían un Uber.
El siguiente domingo me pidió le recomendara para conocer algún lugar, le recomendé la zona del Zócalo y la Alameda, también el Museo de Antropología e Historia y Reforma, la tercera opción era viajar en el Turibús, son cuatro rutas que se entrelazan, durante ese día el usuario puede bajarse en cualquier sitio que le interese conocer y nuevamente subirse, me preguntó dónde tomarlo, consulté en internet y le mandé la información, ya después me dijo que decidieron por la tercera opción.
Pensando en sus estudios y demás ocupaciones, procure no molestar a la doctora Abigail. Como el Hospital y la Universidad estaban cerca le dije a mi hija si se veían para que se conocieran, pero ya no hubo margen de hacerlo, así que ya cercano su regreso a su país, le pregunté cuando tendría tiempo para invitarla a comer, quedamos el día viernes 1 de mayo, así que también le hablé a Mariana y quedamos de vernos por el rumbo de Tlalpan a las 2 de la tarde, yo pasaría por la doctora Abigail a la una y media, mi hija me sugirió tres posibles lugares.
Ese viernes salí de casa como a las doce, tomé el Metro, hasta la estación Chilpancingo, según yo para avanzar un poco más rápido y después en avenida Insurgentes abordé el Metrobús casi hasta el fondo de la línea 3, me bajé en la estación Ayuntamiento, fui por Abigail, ella estaba dispuesta a irnos caminando, no era mucha distancia, tomamos un taxi, ya Mariana y Betzabé, compañera de los Misioneros Servidores de la Palabra y de la Universidad, nos esperaban en el kiosco del parque en el Centro de Tlalpan. Cuando íbamos en el taxi le pregunté a qué hora era su salida, me dijo que tenía que estar en el aeropuerto a las 4 de la mañana del sábado, que había decidido irse en la noche para no arriesgarse a perder el vuelo.
Al llegar al parque Mariana, Betzabé y la doctora Abigail se saludaron y nos encaminamos al restaurante que estaba a un lado del parque. El servicio era buffet, había un joven cantante, se fue dando la plática, había tenido una infancia muy difícil, su mamá era migrante haitiana, fue parte de una familia disfuncional, el horario del curso era de las nueve a las cinco de la tarde, se dedicó a estudiar, aunque comentó que si fue a visitar la Basílica de Guadalupe, le comenté que vivo a 500 metros de ahí, no lo supe y no nos vimos. Me acerqué al joven cantante para pedirle que cantara una canción de Juan Luis Guerra dominicano para dedicársela a la doctora, pero el chavo no conocía ninguna canción de él.
Como sabía que ella había escrito su libro que se titula: "Le Gané a la Pobreza", también le llevé el mío: "Pedacitos de Lozano" para mostrárselo y también consideré que pudiera interesarle conocer sobre la Gorra de Fidel, así que fui preparado para platicarle un poco de esta historia.
Después del recorrido en la Universidad mi hija nos dio aventón a la casa donde se hospedaba la doctora, en el transcurso le pregunté por su otro apellido, que Jean era el apellido de la señora que la adoptó, ya no me quedó claro en qué momento perdió contacto con su papá, nos bajamos del carro, nos despedimos y regresé en el Metrobús a mi casa. Al otro día después de dejar a la doctora en el aeropuerto, ellas llegaron a la casa. Una convivencia muy bonita.
Con mucho gusto cumplimos Camilo tú encomienda, fuiste el iniciador de esta grata experiencia. Quedamos invitados para cuando vayamos a República Dominicana.
A nuestros lectores les compartimos los link de la interesante entrevista antes mencionada en "Variedades", un comentario sobre el libro escrito por la doctora y vídeo motivacional:
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