* Inolvidable aquella competencia por el título de bateo de la Liga Americana entre Beto Ávila y Ted Williams.
Por Jesús Alberto Rubio
Vayamos juntos al túnel del tiempo: en 1958 la ciudad de Nueva York vio como dos de sus grandes y tradicionales equipos de Ligas Mayores --por espacio de 55 años-- emigraban hacia la costa Oeste de Estados Unidos: Dodgers de Brooklyn encontraba nuevo hogar en Los Angeles y los no menos famosos Gigantes de Nueva York... en la Bahía de San Francisco.
Para ese año, el béisbol de la Gran Carpa ya había experimentado inusitados cambios de ciudades:
1953: los Bravos de la LN fueron la primera franquicia en hacer maletas cuando abandonaron su hábitat tradicional en Boston (desde 1903) rumbo a Milwaukee.
1954: Los Cafés de San Luis hicieron lo mismo y se mudaron a Baltimore.
1955: Los Atléticos de Filadelfia dejaron a la Liga Americana y se fueron a su nuevo en Kansas City.
Los jugadores negros
También en 1958 alrededor de 100 jugadores afroamericanos de Norte América y aproximadamente 80 negros de origen hispano jugaban en la Gran Carpa, la mayoría de ellos con equipos de la Liga Nacional.
Ello ocurría después de que en 1947 Jackie Robinson había puesto un pie en un diamante de beisbol uniformado en un equipo de las Grandes Ligas (Dodgers de Brooklyn), dando fin a barreras humanas que por muchas décadas impidieron que la historia del béisbol hubiese tenido un mejor recuento de las proezas de tantos y tantos talentos negros.
A Robinson, recordemos, le siguieron los pasos futuros de miembros del Salón de la Fama tales como Larry Doby, Satchel Paige, Don Newcombe, Monte Irvin, Roy Campanella, Ernie Banks, Willie Mays, Roberto Clemente...
En aquel 58, uno de los héroes negros del béisbol,Roy Campanella, el estrella receptor de los Dodgers, sufriría un accidente de carretera dejándole paralizado en una silla de ruedas para terminar de esa forma con una notable trayectoria en el beisbol, pero al paso del tiempo su recuerdo es imborrable.
Fin a las Ligas Negras
Por supuesto que al abrirse la puerta de las Grandes Ligas blancas, las Ligas Negras fueron condenadas a la extinción y para 1950 la era de las Grandes Ligas Negras había terminado.
En esa década los bateadores de la Liga Nacional por lo regular superaban a los bateadores de la Americana promedios de bateo y bases robadas y eran precisamente los peloteros negros los que se llevaban los mejores dividendos.
Jackie Robinson se convirtió en el primer jugador negro en ganar el premio al Jugador Mas Valioso (MVP), y luego de que recibiera dicho premio en 1949, otras 7 estrellas de color, incluyendo a los toleteros Roy Campanella, Ernie Banks, y Willie Mays, ganaron el MVP de la LN en la década de 1950.
Imagínese la grandeza de los peloteros afroamericanos.
Estrellas blancas...
Sin embargo las estrellas más celebradas de esta era fueron DiMaggio, Ted Williams, y Stan Musial.
DiMaggio se retiró después de la temporada de 1951 con un promedio de bateo de por vida de .325, mientras que Williams y Musial continuaron su estrellato durante toda esta era.
Cuando Ted Williams se retiró en 1960, a pesar de los años perdidos debido a su participación en la Segunda Guerra Mundial y en el conflicto de Korea, era poseedor de un promedio de bateo de .344, 6 títulos de bateo de la LA, 521 cuadrangulares, y un par de Triples Coronas.
Y cuando Musial también “colgó los spikes” en 1963, sus credenciales indicaban un promedio de bateo de por vida de .331, 7 títulos de bateo en la LN.
Talentosos abridores
Claro que los buenos abridores no habían desaparecido en esta época.
Entre los mejores, Warren Spahn de los Bravos ganó 20 o más juegos en una decena de campañas, retirándose con 363 victorias de por vida para aún ser el mejor zurdo en esa especialidad.
Para honrar a los lanzadores sobresalientes de cada temporada, en 1956 fue instituido el premio anual Cy Young: el primer ganador fue Don Newcombe, el as negro de los Dodgers de Brooklyn.
De 1956 y hasta la campaña de 1966, solo se otorgaba un premio por temporada en las Grandes Ligas, pero a partir de ese entonces el mejor lanzador de cada liga recibe un premio Cy Young.
“Invasión” de latinos
En esa inolvidable década de los 50, ya sin guerra y sin depresión económica, comenzó a darse la invasión de peloteros latinoamericanos a los equipos de Ligas Mayores, siendo los Senadores de Washington y los Bravos de Milwaukee los que desplegaron una gran actividad de búsqueda de valores en nuestros países de habla hispana.
Así llegaron en 1950 para unirse a Beto Avila y el cubano Orestes “Minnie” Miñoso, quien desde el 49 ya estaban con Cleveland (Miñoso luego pasó a Medias Blancas donde hizo historia), los también isleños Sandalia Consuegra, Conrado Marrero y Carlos “Patato” Pascual, quienes vistieron la franela de Washington.
Beto Avila se iba a convertir en 1954 en el primer pelotero mexicano y representante del béisbol de habla hispana en conquistar una corona de bateo (.341) jugando para los Indios de Cleveland, ganándole la carrera a Ted Williams, a quien le faltaron turnos oficiales al bat.
El mismo 50 arribó a Medias Blancas, Alfonso “Chico” Carrasquel, de Venezuela, para convertirse en aquella época en uno de los mejores campo cortos del mejor béisbol del mundo.
Otros talentos latinos fueron Willie Miranda, “Sandy” Amorós, Rubén Gómez, Víctor Pellot, Camilo Pascual, Clemente, Luis “Tite” Arroyo, Pedro Ramos, Oswaldo “Ozzie” Virgil, Humberto “Chico” Fernández, Félix Mantilla, Luis Aparicio, Juan “Terín” Pizarro, Orlando “Peluchín” Cepeda (Novato del año en el 58); Tony Taylor, Orlando Peña, José Pagán, Zoilo Versalles, Miguel Cuellar...
Beto Ávila vs Ted Williams
Cuando Beto Ávila ganó aquel gallardete de bateo, ese año había sufrido una fractura en el pulgar derecho en plena temporada; incluso, vio acción con una úlcera los últimos meses por la presión, pero aun así superó al legendario Ted Williams, de los Red Sox.
Williams tenía en su haber cuatro de los seis títulos de bateo que logró en su carrera; además, iba a ganar en par de ocasiones la triple corona ofensiva y el mismo número de veces fue nombrado jugador Más Valioso.
Además fue el último pelotero en la historia en terminar con porcentaje por arriba de los .400 en una campaña, hazaña que logró en 1941 con .406.
El colega Héctor Linares, de Excélsior, nos da detalles:
“Para ganar el campeonato de bateo, Williams tenía que batear de 4-4 y que el veracruzano se fuera en blanco.
Indios enfrentaba a Detroit y a Ned Garver, ganador de 20 juegos con Cafés de San Luis en 1951. En su primer turno Ávila bateó para dobleplay. El segundo bat de los Indios apareció en la cuarta entrada y conectó una línea que superó la cerca del jardín izquierdo. Con el batazo rey en el beisbol, coronó su gran temporada. El título era suyo.
Ávila llegó a junio con un porcentaje cercano a los .400.
Pero en un partido frente a los Yankees se presentó una jugada desafortunada. En la segunda base buscó completar un dobleplay y fue golpeado por el corredor Hank Bauer y resultó con fractura del dedo pulgar derecho. Estuvo fuera dos semanas y luego tardó en tomar el ritmo; llegó a perder hasta 70 puntos en su promedio.
En septiembre, el mexicano tuvo su mejor momento al sumar 34 hits. Logró una cadena de 12 partidos con por lo menos un imparable.
El 6 de septiembre en una doble cartelera conectó cuatro hits y le quitó el liderato de bateo a Irv Noren, de los NYY. Seis días después en otro doble juego frente a los mismos Mulos bateó de 8-5 para ayudar a su equipo a obtener las dos victorias y asegurar el título de la Liga Americana.
Ávila sacaba 11 puntos de ventaja sobre su rival más cercano que era el cubano Orestes Miñoso. Ted Williams llevaba mejor promedio de todos, pero no alcanzaría los 400 turnos oficiales requeridos para ser considerado al título debido a que había pasado por una serie de lesiones en la temporada y además recibió 136 bases por bolas que no cuentan como turno oficial.
Al jugador de los Medias Rojas se le aumentarían las apariciones que le faltaban como si no hubiera pegado hit y serían divididas entre su total de imparables y por eso aún llegó con posibilidades para el último partido.
Ted Williams terminó esa campaña con 133 hits en 386 turnos oficiales para un .345 de promedio, pero al aumentarle los 14 turnos que le faltaban su porcentaje sólo alcanzó para .333 inferior a los .341 que logró el mexicano, quien pegó 189 imparables.
Si ya había sido campeón en otras ligas como la mexicana y la cubana entonces no veía la razón de no conseguirlo en las Ligas Mayores”, reveló Ávila.
Ese año, Cleveland impuso marca de victorias en la Liga Americana (111-43), pero en la Serie Mundial fueron barridos por los Gigantes de NY en cuatro juegos.
