Vísperas de Navidad y Fin de Año...

Por: Cesia Carrillo Clemente.

Crecí en una familia que gracias a Dios durante mi infancia y parte de la adolescencia, estas fechas eran para estrenar, para tener muchísimos regalos, pues aparte de los regalos de nuestros  padres, por ser las más chicas de mis primos, recibíamos presentes de tíos, también. 

Doy infinitas gracias a Dios porque pese a esa comodidad, siempre nos enseñaron a valorar. Por lo que cuando vino el tiempo de las ”vacas flacas”, no nos fue pesado ni frustrante. Esa forma de ver las cosas y de disfrutar los momentos, me lleva a meditar en nuestra actualidad.

Ciertamente no ha sido un “buen” año. Si es que se podría clasificar como “bueno y malo”. En casa, tuvimos pérdidas irreparables. Seres queridos fallecieron y las rutinas cambiaron, entre otras cosas. 

Está de más decir que son tiempos de reflexión, tiempos de analizar, tiempos de humanizarnos y más… pero al final, ¿realmente lo hacemos?. Y si lo hacemos, ¿sólo es por el buen protocolo?.

Cuando las cosas parecen moverse de su lugar, es lógico que trae consecuencias. No es malo llorar. Creo que es tan vital como reír. Pero seamos conscientes que por nuestro bien, hay un tiempo para todo. No le robes al tiempo de reír ni un solo minuto. No le des permiso al tiempo de llorar, solo por aparentar; pero eso sí, tratemos de disfrutar cada momento, haya o no haya. Ahora, entendería que dijeras: lo dices porque no has pasado…probablemente, no como tú. Nunca tal haría en compararme, pero si en algo que he aprendido y que me ha sostenido, es que en la búsqueda de Cristo, el motivo de la Navidad, y en la búsqueda de entregarle a Él mis días… pese a todo, tengo una paz.

Aún en aquellos momentos donde no tuvimos más que un kilo de tortillas para comer, y un poco de salsa de chile seco, en esos momentos, quien nos sostuvo, fue el gozo de saber que Él nos sostenía.

Navidad, no se trata de una historia más, sino de la historia que tanto fue así, creyentes y no creyentes determinan la historia en Antes y Después de Cristo. Pero lo más interesante es, que no solo podemos ser espectadores, y ser parte de la historia de la humanidad, sino que, haya un Antes determinado por un Después, de manera personal, es decir, puedo decir un Antes de Cristo de mi propia historia, pero definitivamente, el Después de Cristo, una vez de su Natividad en mi, cambió mi historia.


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