El que esté libre de…que tiré la primera piedra…

Por: Cesia Carrillo Clemente

Díganme, ¿Quién no ha participado en un chisme?, ¿Ya sea prestando oído o siendo los emisores?, ¿Dando nuestra opinión o haciéndonos los que no sabemos, pero no nos hacemos a un lado?.
 
El chisme forma parte de una Cultura. 

Ahora, al decir Cultura nos viene a la mente el folclor, las tradiciones o más. Y no, eso es una mínima parte de la Cultura, pero no lo es. Podemos ser una tierra llena de tradiciones lindas, de herencia en el idioma, en nuestra raza y más. Pero la Cultura personal va sujeta a más que lo superficial. Va ligado a las enseñanzas, a las ideas, a la formación de casa. Por ello el término que “nos falta Cultura” también está errado. Porque cada quién tiene Cultura, diferentes, pero Cultura. Lo que en ese ámbito nos hace falta, es tener una formación educativa sobre nuestra identidad como mexicanos, o algo así, pero ese es otro tema.

- ¿Por qué menciono que el chisme es parte de una Cultura?, porque se ha vuelto parte de nuestra forma de vida a través de redes sociales. Es quizá algo ambiguo porque nosotros damos a pie a que nos “chismeen”  al exponernos en redes sociales. Sin embargo, la formación cultural en la educación de casa, de cada uno de nosotros, nos debe direccionar para saber si nuestra forma de actuar aún en algo común, nos da un buen crecimiento como seres humanos.
El chisme nos da pie a muchas cosas negativas. A ponernos en la silla del juez: -¿Ya viste cómo ha engordado? (como si nosotros tuviéramos cuerpos esculturales). El chisme habla muchas veces de una envidia oculta. Nos lleva a vivir la vida de otros y menos la nuestra. No buscamos superarnos en tener mejores temas de conversación. El chisme hace que no seamos empáticos. Es decir, preguntarnos cómo afectaría un chisme si yo lo propago o si pongo oído a ello. También nos hace ignorar que a nosotros no nos gustaría estar en boca de otros aun si fuese lo más vanal. Nos hace menos sensatos.

El chisme se ha colocado como algo socialmente aceptado. Es incluso una forma para socializar. El problema es que no nos gusta hablar de nosotros. No dudemos que cuando nos alejamos de ese grupo donde “echamos chisme” seamos el nuevo tema.

Seamos más sabios, tal como Sócrates con sus 3 filtros. Porque si el chisme fuera bueno, como algunos lo afirman, no destruiría vidas ni familias.

Sócrates tenía en la Grecia antigua una gran reputación de hombre sabio. Un día, mientras paseaba por Atenas, se le acercó un conocido y, tras saludarlo, le preguntó:

- ¿Sabes de lo que acabo de enterarme de nuestro amigo común?

- Aguarda un instante, le contestó Sócrates, antes de explicármelo: ¿Sabes si lo que me vas a contar pasa la prueba de los tres filtros?

- ¿La prueba de los tres filtros?

- El primer filtro es el de la verdad: ¿Has comprobado si lo que me vas a contar es cierto?

- No, simplemente es algo que me acaban de explicar.

- No sabes entonces si es cierto o falso. Veamos entonces – prosiguió Sócrates – si pasa el segundo filtro, el de la bondad: lo que me vas a explicar sobre nuestro amigo, ¿Es algo bueno y positivo?

- Para nada! Todo lo contrario!

- Ya veo,… me quieres contar algo sobre nuestro amigo que no es bueno y además no sabes si es cierto o no. Veamos entonces si el tema supera o no la prueba pasando el tercer filtro, el de la utilidad. Lo que pretendes contarme, ¿Crees que es útil que yo lo conozca?

- No, desde luego que no.

- En definitiva – dijo Sócrates sonriendo – lo que quieres explicarme sobre nuestro amigo no sabes si es cierto o no, pero ni es algo positivo ni tampoco útil… sinceramente prefiero que no me lo cuentes!. Y te aconsejo además que tú también lo olvides!.
El que esté libre del chisme, que tire la primera piedra. Sin embargo, nunca es tarde para mordernos la lengua. Hacer oídos sordos y huir del cáncer del chisme.
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