* Un orgullo pleno del beisbol de Puerto Peñasco.
Por Jesús Alberto Rubio Salazar
“Desde mi niñez me enamoré completamente del beisbol”, fueron la primera expresión de René Munro Palacio, uno de los más grandes lanzadores surgidos en el beisbol de Puerto Peñasco.
La grata entrevista, luego de hacer acto de presencia como invitado especial para ser testigo de la fundación de la Peña de Beisbol de Puerto Peñasco el pasado sábado 9 del mes en curso.
René, amable y gustoso de la charla, nos dijo que comenzó a jugar beisbol desde su niñez cuando formó parte de un equipo allá por 1958 con el nombre de Indios con el que comenzó a mostrar sus dotes y el talento para ser gran pitcher y bateador.
No olvida a Caborca donde conectó precisamente con su equipo Indios lo que fue el primer jonrón en su vida como pelotero.
“Así, ya con toda emoción seguí incursionando en la pelota y gracias a dios me tocaron cosas muy bonitas”, acotó ante la presencia de su hermano Ernesto, Luis Carlos Pérez, Búho por Siempre, así como Alejandro “El Zurdo” Cano Villa, también gloria del pitcheo de Puerto Peñasco.
Foto: Alejandro “Zurdo” Cano Villa.
En su trayectoria, notable, también brilló como estratega de equipos municipales.
Indicó que pudo haber incursionado en la pelota profesional como su hermano Ernesto ya que rechazó una invitación de los Broncos de Reynosa.
“Ya trabajaba en Comisión Federal de Electricidad (CFE), donde ganaba 750 pesos quincenales, mientras que como novato con Reynosa sólo me ofrecían 600 al mes”.
Precisamente Jesús “Chúbila” Rojo, advirtió, fue quien lo había firmado junto con el también Enrique Verdugo, gran infielder y muy bueno al bat.
Primero de pie a la izquierda.
Habló también de otro gran recuerdo: cuando fue a jugar con el Colegio Central de Comercio a Navojoa donde pegó de 4-2 en un partido que perdieron: “Tuve una gran jornada en choque enfrentando ni más ni menos que a los Paquín” Estrada, Isidoro Sáenz y entre otros grandes jugadores de esa época, Agustín Enríquez”.
Más de 42 años en le pelota
René Munro vio acción en la pelota amateur durante poco más de 42 años luciendo siempre como de lo mejor dentro del terreno de juego, fuese lanzador o jugador de posición.
Como pitcher, tiraba a la perfección el slider, recta por arriba del brazo y con una curva educada hacía estragos en los bateadores que enfrentaba: “Movía la bola” como quería”, apuntó con emoción y añoranza.
En efecto, fue un pitcher cerebral, una cualidad que lo distinguió en el diamante por su capacidad para analizar a los bateadores. Tenía mucha concentración en su trabajo monticular, resultando campeón en diversos torneos municipales.
Incluso, le ganó a los Búhos Unison, que eran los invencibles de su época bajo la dirección de maestro Gustavo Hodgers Rico.
A pregunta expresa, afirmó que su mejor momento fue cuando en el estatal de 1971 le ganó a los Búhos de la Universidad de Sonora.
“Ese triunfo nos llevó a enfrentar al Agrario, con quien perdimos, pero por traer peloteros profesionales en su line up, fueron eliminados. Así, fuimos la selección básica para ir al nacional en Puebla donde quedamos en cuarto lugar”.
El triunfo de 4-3 contra los Búhos, sostuvo, es quizás uno de sus logros más grande en su carrera monticular y consolidó su estatus de pitcher cerebral.
No conoció la derrota en partidos eliminatorio, ya fuese de zona o estatal; trascendió como un pitcher que sabía crecerse en los momentos grandes.
Recordó el campeonato estatal de primera fuerza 1974 en San Luis Río Colorado:
“De los seis juegos, tiré en cuatro; pero para el decisivo contra Agrario Yaquis, el equipo decidió subir a Patricio Careaga, pero éste explotó en la segunda entrada. Entré “al quite” para detener “en seco” al contrario, pero el daño ya estaba hecho y nos quedamos con el subcampeonato”.
Formó parte de equipos representativos de Puerto Peñasco que lograron coronarse en diversas categorías; es recordado como una de las inspiraciones principales de todo seleccionado representativo de Puerto Peñasco o equipo a nivel municipal.
Se le reconoce localmente como uno de los mejores lanzadores con gran talento surgidos en el puerto.
El Ing. Luis Carlos Pérez Solís, estelar cuarto bat como receptor de los Búhos en los años 70, dijo de René: “Un gran pitcher; tenía mucha variedad en sus lanzamientos. Era pilar a la hora de los estatales. Para mí, lo máximo de él fue cuando en el 71 me ponchó en la novena con caja llena”.
Munro Palacio nació en Hermosillo, pero a sus cuatro años llegó a Peñasco, por lo que dijo se considera de Peñasco.
Su padre fue Guillermo Munro Fourcade y María Palacio de Munro su señora madre.
Su esposa es María de los Ángeles Avilez Meza de Munro y sus hijos René, Syria María, Renata Gabriela, Lorena (†), Priscila Paola y Michel Estefanía.
“Siempre busqué poner en muy alto el nombre de Puerto Peñasco”, subrayó, manifestando sentirse muy contento de que los Tiburones hayan regresado tras una ausencia de seis años.
Dijo que, al retirarse como pelotero activo, se dedicó al negocio restaurantero, especialmente el llamado “El Delfín Amigable” donde ofrecía las mejores comidas, visitándolo comensales de Estados Unidos.
“Fue un establecimiento icónico en la historia gastronómica de Puerto Peñasco, Era de los más famosos, teniendo entrevistas de periodistas estadounidenses. Inventé muchas comidas del mar; nadie las tenía”.
Reconoció que su fama trascendió fronteras, convirtiéndose en un destino obligado para el turismo estadounidense que buscaba mariscos frescos.
Con su hermano Ernesto.
Ernesto Munro, Daniel Olivas (Taquií) y Alejandro Cano Villa, “El zurdo” 1965. Liga Norte de Sonora.
En Puerto Peñasco, René y sus hermanos Ernesto y Guillermo forman parte de una de las familias más influyentes, representando el nexo entre el deporte, la identidad cultural y la política del puerto.
Su legado se divide principalmente en tres pilares: el béisbol profesional, la narrativa histórica y el servicio público.
Foto: Guillermo, René y Ernesto Munro.
De René, por supuesto, hay mucha tela de dónde cortar ante su notable trayectoria.
Una personalidad a toda prueba; un protagonista y legado al beisbol como orgullo de Puerto Peñasco.
Mis respetos y admiración.
Por siempre.



