Santiago de la Peña

Autor: Carlos Lozano Medrano.

Tierras huaxtecas y del mexica imperio,
con influencias mayas y totonacas,
la historia y la leyenda se entrelazan,
durante muchos años todo le fue dando forma;
luego los conquistadores españoles
Encomiendas y Haciendas crearon,
nombrándose Hacienda de la Asunción
y de Santiago de la Peña por estos lares.

En el diecinueve siglo,
empieza aparecer en los mapas
siendo estas tierras por primera vez bautizadas,
por nombre: Cabellos Blancos,
ese su antiguo nombre,
cada quien expresa su versión,
unos dicen por las crines de caballos blancos que trotaban en sus campos,
o el pastle que en los árboles por el aire se movía,
otros por la savia blanquecina del zapote que escurría
y a cualquiera a la distancia, cabellos blancos parecían.

Lentamente Santiago y su entorno cambiaron al paso de los años,
migrantes de otros lugares siguieron llegando,
se fueron creando veredas y caminos,
a pie comerciando con los pueblos vecinos,
o pagando al imperio azteca, los tributos impuestos;
después, a caballo era el viaje a Huauchinango,
o por la laguna de Tamiahua o por el inmenso mar,
las embarcaciones la proa dirigían hacia Tampico o a Veracruz.

Terminada la carretera a México a finales de los años cuarenta,
durante más de una década se hizo necesario el chalán,
hasta que el Puente Tuxpan se irguió poderoso,
un 18 de marzo de 1962,
uniendo sus dos bellas orillas,
Tuxpan y Santiago de la Peña,
el sur con el norte de la baja Huaxteca,
y facilitando el viaje hacia México capital.

Durante mucho tiempo,
fueron intensamente oscuras sus noches,
los cocuyos, la luna y las estrellas muy brillantes se admiraban,
al paso del tiempo las luces de sus velas, quinqués y
sus amarillentos focos,
diseminados en su basto territorio,
solo iluminaban tenuemente sus casas,
facilitando a la vez el descanso temprano
o la escucha por la radio de alguna melodía.

Tiempos de nortes o fuertes ciclones,
intensos aguaceros o constante el chipi chipi fertilizan la tierra,
el croar grave de las ranas llenaba el ambiente.
eso si, lodazales y resbalones eran la emoción y el enojo diario,
o al anochecer el coro intenso de los negros tordos,
parvadas de un árbol a otro inquietos y escandalosos se movían;
comunes y pródigos sus pozos,
que surtían de agua limpia, sabrosa y fresca mitigando sus calores,
y en muchos de sus extensos solares, cientos de árboles frutales,
coloreaban su paisaje y agregaban ricos sabores,
y así, así la vida sencilla y tranquila, fueron su sino.

Amaneciendo sus mujeres o sus niños,
encaminándose al molino dialogando con el sol y el rocío,
llevan el maíz nixtamalizado en sus trastes,
regresando con su moldeable y tibia masa,
y luego en mucha de sus casas,
un rítmico sonido de tambores se escuchaba,
torteando sus redondeadas tortillas,
qué sabrosas y variadas enchiladas,
acompañando los frijoles negros y la picante salsa,
de su alimento cotidiano, fueron la base,
sin olvidar a veces de cecina o chicharrones los trozos.

Desde las cúpulas de sus árboles frondosos,
susurran y gracias al fresco viento esparcen melodías;
y en las tardes santiaguenses
niños y jóvenes jugando en sus calles o en sus grandes patios,
o un caminar constante hacia La Punta,
donde el retozo al bañarse en su esmeralda corriente,
la fuerte algarabía con el chapoteo se escuchaba,
truncando a veces por imprudencia o una equivocada confianza,
una esperanzadora vida.
Y los mayores sacando sus mecedoras y sus sillas
a las afueras de sus casas, en la calle o en la banqueta,
compartiendo sus diarias y amenas charlas,
historias familiares, temas diversos o simplemente sabrosos chismes,
espantando los insistentes y molestos moscos con un trapo,
fortaleciendo sus amigables lazos
y al final del día sus calles, rectos sus trazos,
conducen los pasos  presurosos de su gente,
buscando el nocturno y fortalecedor descanso,

Su gente cruzaba diario a Tuxpan el río,
en los esquifes con sus largos y recios brazos,
y algunas veces cuando dinero como joven no había,
se apalabraban con el esquifero y remando pagaban,
la balsa-chalan-panga generosa a la mayoría los movía,
para aportar su cotidiano y honesto esfuerzo,
claro, era cruzar su esencia los vehículos automotores,
que largas filas y espera provocaban,
estimulando el útil e informal comercio,
o nuevas amistades ahí nacían,
originalmente entre las calles Garizurieta del lado de Tuxpan
y la Nacional en Santiago de la Peña,
después, de Xiconténcatl a Riva Palacio con su acerado cable guía.

La Nacional fue la primera asfaltada,
después la Álvaro Obregón de concreto se pavimentó;
Escuela Primaria Miguel Hidalgo y sus maestros,
empezaron entre la niñez santiaguense,
a compartirles oficialmente el nuevo y basto conocimiento,
creando buenos hábitos de estudio,
y con mágicas letras anhelados sueños forjando,
en infantiles, sorprendentes y coloridos mundos.

Los astilleros en el lado izquierdo del rio,
desde antaño varios estuvieron instalados,
hoy solo recuerdos, hoy solo son historia,
el de Arturo Rangel solo de nombre conocí,
el de Lauro “El Sordo” Pulido, reconocido por muchos años,
don Juan Perdomo también se hizo presente,
Apolonio y Manuel Guevara dueños también de la balsa
sobreviviendo como cooperativa hasta los años noventa;
Juan Silva y Esteban Vargas,
nombres asociados a esta marítima actividad,
entre todos, muchas embarcaciones reparadas
y con sus estructuras de duras maderas y de pino, barcos construidos,
sin faltar los carpinteros de ribera,
que los antiguos esquifes construían y arreglaban.

A los que también habíamos vivido del lado de Tuxpan,
nos dió la oportunidad de disfrutar a Santiago,
enriqueciendo muchas vivencias,
con sus varias tonalidades verdes su selvática imagen,
siempre bella y hasta la fecha su encanto ejerce ésta población,
en mi niñez sólo el Paso principal de esquifes existía,
cruzando por el chalán visitaba en Reforma su casa
a Juan Sánchez Monroy mi padrino de primera comunión;
y años después cuando en México estudiaba,
en vacaciones anhelante regresaba,
vuelta y vuelta en la cama pensando la última noche,
el estar en mi terruño me llenaba de emoción;
amaneciendo, infaltable ir al Astillero,
a saludar a todos los trabajadores amigos,
visitando a la familia Banda Hernández que ahí vivían,
admirando las maniobras en los varaderos,
subiendo y bajando los barcos pesqueros y algún remolcador.

Sin recordar bien a qué edad,
desde niños-adolescentes, aún sin saber nadar,
mi papá la lancha del taller confiado nos prestaba
con Arturo y Gilberto mis hermanos,
y con Hugo, Juan Pablo, Tino, nuestros queridos amigos,
remábamos con gusto hacia Cobos
o sólo al angosto y bello Estero de Palma Sola,
admirando los naranjales de don Pedro Hernández Maldonado;
y cuando algún barco pesquero navegaba por el río,
fuerte oleaje generaba,
agarrando de frente las olas,
emocionados y nerviosos bamboleábamos
y regresando al taller si la corriente en contra era fuerte,
remar entre dos para avanzar, nos era necesario.

Especial la belleza de Santiago, insisto, miles de árboles lo arropan,
tupido su follaje, sus amplias sombras refrescan el ambiente,
con el intenso sol centellea el verde de sus aguas,
del mediterráneo río con gusto se disfruta,
de día y de noche los santiaguenses,
en la ida y en la vuelta,
ese doble privilegio tienen,
de admirar el bello paisaje luminoso de estos dos lugares,
sintiendo la fuerza de la corriente del río,
metiendo las manos en sus frescas aguas,
disfrutando en la cara, del Golfo el viento,
con las nubes, miles de figuras imaginan sobre el azul del cielo,
los sembradíos y los naranjales en el Ejido crecen en sus tierras,
viendo el ganado con su natural parsimonia,
comer en los verdes zacatales,
a Felucho Castillo a veces recordamos
y mientras vida haya, a los nuestros visitaremos al Panteón.

Y en épocas de fuertes crecidas,
cruzar el ancho río es toda una aventura,
aún ahora con la potencia de sus motores fuera de borda,
el movimiento de sus lanchas es sesgado,
su corriente de agua amarillenta, revuelta e impetuosa,
de animales, ramas y troncos va cargada
hacia el mar, hacia el mar corre presurosa.

También se recuerda el avión brasileño,
que habiendo resistido los mortíferos bombardeos nazis
y terminada la Segunda Guerra Mundial,
cruzando el Atlántico océano, caido aquí en su retorno a la Amazonia;
o cuando regresaba con armas desde Estado Unidos,
“El Cuate” del Conde vió el yate Granma abandonado,
informándose, en la ciudad de México hizo el primer trato,
decidiendo Fidel Castro su salida de Tuxpan en el 56,
con 81 expedicionarios iniciando la heroica gesta cubana;
luego la réplica del Granma a la Técnica Pesquera asignado,
surcó las agua del río y de sus mares cercanos,
destruyéndose por el tiempo y el descuido,
y la casa que en su momento se compró,
convertida en Museo de la Amistad México Cuba,
vínculos permanentes con la Historia Universal.

Después de la aventura familiar en la ciudad de México,
mis padres con muchos esfuerzos
nos siguieron ayudando a levantar el vuelo,
a finales del año 67 del pasado siglo,
llegamos al ahora nostálgico nueve de Riva Palacio,
marcando una nueva etapa en nuestras vidas,
acercándonos a antiguas y nuevas amistades
que generosas enriquecieron vivencias muchas.

Gente trabajadora y buena,
los Monroy, don Licho, Milín, don Abel, maestro Nacho,
los Casados, Ochoa, Ricardi, Betancourt, González, Morales,
Coronado Lugo, los sacerdotes Cabezas y Bernabe y muchas más,
conviviendo en armoniosa comunidad;
y con un grupo de amigos de la Organización Cívica Santiaguense
junto al Contador Rogelio Carballo Millán,
dejamos algunas importantes historias en Santiago:
que se moviera la Caseta del Puente,
y con la visión e influencia de don Jesús Reyes Heroles
aunada a la generosidad de la familia Morales,
donamos el terreno para que el Conalep ahí se estableciera,
preparando a miles de jóvenes que ansiosos,
sólidos conocimientos adquieren y adquirieron.

Además, los barcos camaroneros nos hermanaron con el mar,
y con su Cooperativa ribereña disfrutamos su rica y savia ostionera,
todo ello me hace afortunado de haber vivido ahí,
reforzando principios y valores a mi experiencia diaria,
pero no todos los tuxpeños han cruzado el ancho río,
no le hayan caso conocer este terruño,
los cruces constantes en sus Pasos o paseos en las lanchas,
visitar su bello y amplio Parque,
su siempre empastado campo y de beisbol los partidos,
orar a la Virgen de Guadalupe en su templo,
conocer su significativo Museo, recuerdo de la epopeya caribeña,
caminar por la avenida Recreo en toda su largueza,
disfrutando la grata imagen de estas dos poblaciones,
o admirando del caudaloso río su belleza.

Siempre Congregación, nunca colonia,
con naturalidad nos sabemos parte del municipio de Tuxpan,
pero independiente el alma de su gente
alegre su cuerpo y  la chispa de su mente;
después de Tuxpan su Cabecera Municipal,
Santiago es la más grande comunidad del territorio tuxpeño,
y siempre, siempre la hermandad existe,
luchando y aportando su solidario empeño;
vamos dejando atrás recuerdos y vivencias,
lo que pasó, pasó y pertenece ya al pasado,
rescatemos lo bueno, aprendamos de lo que no lo fue,
lo que vendrá, vendrá, será parte de un mejor futuro,
con alegría y fortaleza sigamos viviendo el presente,
sigamos haciendo nuestra cotidiana lucha,
caminando con ilusión y siempre de frente,
mucho o poco transformemos nuestro entorno,
que seamos mejores personas, mejores hoy que ayer,
con generosidad y alegría demos,
con humildad y gratitud recibamos.

Toda una época marcó a Santiago,
muchos años por sus autoridades municipales olvidado,
nunca imaginado, era lo normal pensarlo, sentirlo y vivirlo así,
eso si, a nivel personal el espíritu de lucha prevaleció;
reconozcamos el trabajo de los Agentes Municipales,
y de aquellos que presidieron las Juntas de Mejoras,
esfuerzos sin retribución, solo personal satisfacción,
mínimo cuidemos lo que nuestros padres y otros vecinos han hecho,
poniendo nuestro granito de arena forjando sigamos,
un lugar mejor, tranquilo y bueno.

Recuerda santiaguense es tu casa grande, es tu cálido techo,
y ya en las noches tranquilo o contento,
descanses en tu confortable lecho;
finalmente estimados paisanos y amigos,
sigamos forjando esperanzas cuando vives y sueñas,
que todo sea siempre para bien, si, para su bien,
por nuestro querido y bello, Santiago de la Peña.

(2016-abril-26)
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